ADN

Dejando de lado las metodologías que utilizamos en la mejora de los procesos, queremos mostraros una idea sencilla:

las organizaciones se parecen mucho a los hormigueros.

En una colonia de hormigas, ningún individuo tiene todas las respuestas. Igual que en los hormigueros, las organizaciones crecen cuando las personas trabajan codo con codo, observan su entorno, aprenden de los errores y avanzan paso a paso.

La suma de talentos del equipo permite obtener el máximo rendimiento del activo más valioso: la inteligencia colectiva.

Las hormigas son seres muy pequeños, pero muy trabajadores, persistentes, colaboradores, prácticos y disciplinados. Esta metáfora refleja nuestra manera de trabajar. Pueden cambiar de función según la necesidad: explorar, transportar, defender, construir…

Un reto demasiado grande para una sola hormiga puede ser alcanzado por la colonia.

Cuando una organización pretende mejorar sus resultados, a menudo se encuentra con:

Procesos heredados, a menudo demasiado complejos u obsoletos.

Rechazo al cambio por parte del personal afectado, porque no se sienten propietarios de la solución.

Soluciones impuestas desde fuera, poco sostenibles.

Iniciativas aplicadas por moda, pero que no responden a las necesidades reales.

Mala comunicación entre departamentos. Nadie los ha formado para empatizar con otros equipos dentro de la organización.

Empleados frustrados, a los que nunca se les ha preguntado la opinión a la hora de buscar oportunidades de mejora.

No se trata de importar genialidades o soluciones e imponerlas; se trata de simplicidad, de descubrir y construir juntos, generando complicidad con método, humildad, disciplina, generosidad y sentido común.

Nuestra tarea es acompañar a las personas a mirar los procesos con otros ojos, detectar las oportunidades, preservar aquello que es esencial y construir mejoras sencillas, efectivas y sostenibles.